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Síndrome de Joey (o Manual para el Asocial – Cap. 3)

Desde mi temprana edad mi madre descubrió mi inclinación por la Gastronomía y la explotó magistralmente. Cada vez que por algún motivo me rehusaba a comer, ella amenazaba con un convincente “ya que vos no la querés…” con darle mi comida a mi hermana, a ella misma, o al perro, lo que provocaba que inmediatamente yo acepte gustoso sopa, acelga, sopa de acelga o lo que sea que cualquier niño preferiría evitar. Claro, mi madre pensaba que era una genial e inofensiva técnica que no iba a tener ninguna trascendencia en mi vida adulta. Error, Mamá.

Con el correr de los años fui desarrollando una amplio abanico de…mañas. De las cuales una en especial es de las que más momentos incómodos me ha producido. Y es que soy totalmente incapaz de compartir cómida (ni cubiertos, ni vasos, etc.). Hay gente que no le gusta, le incomoda, prefiere no hacerlo, pero si no le queda otra, fué, te convida y a otra cosa… Yo simplemente no puedo, traté y traté de dominarlo, pero no… es mas fuerte que yo. Así que con el fín de volver está maldición un poco mas tolerable, resolví dedicarme a conocer más a mi enemigo, para saber con que me enfrentaba y, con ese conocimiento, poder manejar cada situación con una maestría tal que me permita, no solo disimular mis particulares modales a la hora de comer, sino también salir airoso de la encrucijada como un verdadero caballero. Así que luego de muchos años de estudio, reuní algunos tips en forma de Manual de Supervivencia para el Asocial, en el que este podría ser el Capitulo 3: El Sindrome de Joey Tribbiani.


En una mesa encontraremos distintos especímenes de comensal, cada uno con su respectivo trastorno de modales a la hora de comer, a continuación detallaremos algunos de ellos:

  • EL CATADOR
    El mas respetuoso, quizás el mas tolerable de todos estos zátrapas. Pregunta con un dejo de timidez alguna variante de  “¿¿Y vos que pediste??” casi intentando autoconvencerse de que en realidad su intención es meramente informativa, cuando todos sabemos que deseó tu Matambrito a la pizza desde que lo apoyaron en la mesa.

    ¿Que hacer? Este es tal vez el mas fácil de evadir, con un simple “Nah, un Matambrito común y corriente…” bastará. Restándole protagonismo al plato logrará que El Catador, al no escuchar un “¿querés?” desista, para que su plan no quede en evidencia. En una de esas todavía puede ligar de otro comensal.

  • EL SOMALÍ
    Este, más astuto que El Catador, jugará con la lastima de los comensales.
    Luego de estudiar la dinámica y personalidad de los convidados, dejará escapar, en el momento justo, un “ay, que bueno eso! nunca lo probé… es re rico, no?” con una cara maridada perfectamente con el tono de “ojalá me convidaras de ese manjar, a mi que soy pobre”. Dado los grandes dotes de actuación requeridos para lograr El Somalí por un momento te sentís incomodo, pensando acalorado “¿habré pedido algo demasiado fancy?” y ante la mirada atenta del resto de los presentes, mirás hacia abajo a esa Milanesa recalentada, aceitosa, 93% pan rallado acompañada por media docena de bastones amarronados que alguna vez supieron ser papas fritas e instantaneamente comprendes… estás siendo manipulado por un hábil glotón, pero no, vos sos mas hábil… y claramente mas glotón.

    ¿Qué hacer? Estás parado, tambaleante, en el barranco de la verguenza y todos miran friamente lo que vas a hacer. ¿No le vas a convidar? ¿Vas a dejar que se salga con la suya e impunemente te robe ese bocado único, que no va a ser igual al anterior, ni al siguiente? ¿Vas a permitir que te usurpe ese mordisco que posiblemente sea el único que tenga carne real en esa abominación de Milanesa? No, claro que no. A veces la mejor movida es una ataque que simula ser defensa. “Si, es rico… lástima que me sirvieron tan poquito, y yo que no comí nada en todo el día… ¿¿qué te pediste vos??”. Eso devolverá la atención del grupo sobre El Somalí con una grandeza tal que él tratará por todos los medios de seguír adelante con la conversación alejándose del peligro.   Es altamente recomendable tener tanto el gesto facial como el tono previamente practicado frente al espejo, el mínimo error puede tirar abajo toda la operación.

  • EL USURPADOR
    Sin pudor, sin conciencia, sin culpa ni remordimiento, esta especie carroñera es quizás la peor de toda su calaña. Amparándose en una supuesta confianza que muy probablemente no exista (o en el caso de existir, se vería claramente abusada) este personaje esperará agazapado en la conversación amena el momento ideal para estirar una de sus garras (porque con las dos queda mal) lenta pero estratégicamente hasta tu plato en busca de, lo que es peor, el primer bocado de tu cena.

    ¿Qué hacer?No lo sabe, pero vos estás viendo, incrédulo,  como su mano se acerca impune, tenés que pensar rápido, ¿que vas a hacer? No queremos ser vetados de ese Restaurant así que fijar su mano a la mesa haciendo uso del tenedor no es una opción. Tristemente, dada la actitud avasallante de El Usurpador, no nos queda otra que bajar la cabeza y como un pequeño búfalo bebé que se acercó demasiado al lago y fue devorado por los cocodrilos, dejar que el cazador se lleve su presa, en este caso, la mejor papa del plato. Eso, claro, si pretendes mantener una buena velada con el comensal. En caso contrario, si, como yo, preferís un amigo menos, pero una papa más siempre podes recurrir a la exposición pública, iracunda e intensamente avergonzante al grito de “YO NO COMPARTO COMIDA!!!” o como a mi me gusta llamarlo: El sindrome de Joey Tribbiani.

Gracias Mamá por privarme de compartir una cena como una persona normal.

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  1. Sofía
    02/10/2009 en 2:19 am

    Ahhh!! JAJAJA! Me mata Friend’s 😛
    A tu novia tampoco le compartís comida de tu plato??? :O

  2. 23/10/2009 en 1:21 am

    No lo ví a ese capítulo!!

  3. rosa elena
    30/10/2009 en 3:37 am

    jjajaaaque bueno estaaaaaaaaaaaaaaaa
    peroyo habia pensado en joey tribbiani en el aspecto sexual jajajja

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