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Archive for 8 octubre 2009

De colectiveros I

Salía tranquilo por las transitadas calles de Ciudad Universitaría hacía el terreno donde el profesional de turno “cuidaba” mi auto, veo que se acerca un colectivo a alta velocidad (para variar) pero yo estaba cruzando mas allá de la curva donde su luz de giro indicaba que iba a doblar, no me preocupé y seguí mi marcha… tranquilo… hasta que al darme vuelta me encontré con la trompa de un colectivo bastante mas cerca de lo que esperaba (o de lo que estaba preparado a soportar sin mis pañales para adultos). A todo esto, el Chofer había detenido por completo el vehículo y me esperaba con la ventanilla abierta para darme sabios consejos viales:

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Categorías:Zombies al volante

El baño de Carlitos

Hace años salió una publicidad donde un Niño le decía a su Mamá que quería hacer caca en el Baño de Carlitos, todo el mundo reía y se mofaba de el. A mi, particularmente, nunca me causó gracia… y es que me sentía muy identificado con el pequeño. Al igual que el, yo tampoco era un Defecador Universal. Para mi, el momento de liberar mi intestino es sagrado, y como todo momento sagrado, requiere de su perfecta planificación, en la que todos los elementos entran en juego: Pulcritud, hermeticidad, material de lectura, sincronización, entre otros. Es obvio que estos factores son imposibles de controlar en un baño público, pero en mi caso, también lo eran en casi cualquier lugar que no sea mi casa. Así es que durante muchos años los campamentos, el quedarse a dormir en la casa de alguien, y demás situaciones en las que estaba lejos de mi baño, eran épocas donde desarrollé una, no muy salubre, abstinencia gastrointestinal autoinfligida en los que pasaba entre 3 o 4 días acumulando… acumulando. La prueba de fuego llegó cuando fui un poco mas grande y Gonza, hermano postizo, me invitó a pasar 15 días a Villa Gesell con su familia. ¿Como iba a hacer? En mi niñez había logrado, comiendo poco, aguantar hasta 5 días, pero nunca 15! además ya no era un niño, mi intestino no era tan elástico. Aún sin haberlo resuelto, decidí aceptar la invitación convenciéndome de que algo se me iba a ocurrir.

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